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Roberto Juarroz nos define la biblioteca

martes, 9 de mayo de 2017

Desde 1997 procuro  agradecer desde la dignidad de servir con alegría, aunque a veces también se han acunado dudas. Ahora que en la Biblioteca Universitaria Unitrópico  el grupo de trabajo ha crecido, vale la pena compartir estas consideraciones para celebrar en grande la fiesta de uno de los oficios más interesantes de todos los tiempos. Este oficio lo han cultivado personajes claves en la historia del mundo. Al punto que uno simplemente es una pavesa más de la que el viento le da cuentas al azar.


  • De la Incertidumbre bibliotecaria, escrita en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín en 1997
  • De profesión, lector, escrita en Yopal en el 2012
  • Bibliotecarios del mundo ¡Huid del dogma! escrita en la biblioteca Parque de Belén en Medellín en el 2010 




DE LA INCERTIDUMBRE BIBLIOTECARIA
Por Luis Emiro Alvarez


Toca al bibliotecario una suerte anónima y fugaz en el camino del otro. Es como una linterna, que sólo recordamos en los momentos de oscuridad intempestiva (de una linterna que funciona intermitentemente decimos que esta fallando, que ya no sirve) ¡ Cuidado ! Se agencia una voz entre preguntas y respuestas que no le permiten resquicios a la tergiversación ni al engaño. 


Toca al bibliotecario una suerte anónima e Intrascendente. Es como un caleidoscopio: matemáticamente preciso para hallar ese matiz único y cotidiano en la interlocución intelectual que entabla con el buscador de saberes, sin importar la peripecia de éste, sino su necesidad. Aún no es comprensible, y menos, tolerable esa inversión de prioridades entre lo urgente y lo importante: a un bibliotecario no le perdonan el olvido (esa aparición y desaparición que juega con la esperanza y la escasa mesura, pero que también sabe sepultar lo que la voluntad humana sabiamente decide).


Toca al bibliotecario una suerte anónima y sorprendente, de hormigas: siempre ahí. Siempre ahí, haciendo posibles los caminos del saber, tales como los procedimientos del espeleólogo o del alquimista o del sembrador o del creyente o del pensador o del caminante o del que debate.


Toca al bibliotecario una suerte anónima y de batalla de donde viene y va. Es el co-equipero que avisa sobre los riesgos y oportunidades con tal sigilo y firmeza que equivocar o acertar sean unos alicientes sin iguales en el campo donde confrontan, necesariamente los nuevos y los viejos saberes por la obligada vigencia en la aplicación al trabajo de equipo... Hay que reiterar en la laboriosidad de la hormiga pero con la musicalidad de las cigarras en las riveras de los ríos... 



Toca al bibliotecario una y mil suertes anónimas, porque al hablar, su voz es una sumatoria que no debe generalizar, voz que corre el riesgo de morir ahogada por la arena, enmudecida por el viento, o arrasada por las aguas, o peor aún, enmohecida por el polvo.


He ahí, entonces, que ante tantos e imperceptibles deberes, primero construya al Hombre que le toca asumir, antes que lo devore la vorágine del saber y sus haceres, tejidos en la telaraña inteligible e impredecible de los múltiples intereses humanos. Segundo y ante todo, comprenda que es bibliotecario porque cuida y difunde los saberes suyos y de otros en servicio y crecimiento de miles, los más, desconocidos e iguales en la circunstancia, pero que esperan la luz de esa linterna en un momento y en un lugar inesperado y preciso. Toca, por lo tanto, al bibliotecario, una comprensión universal acerca de que el laberinto sólo tiene una sola salida... Su mismo acceso. 

Escrito mientras trabajaba como referencista en la sede principal de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín de América Latina, para una niña que la quería leer en la izada de bandera en su escuela el día  23 de abril del año noventa y siete del siglo pasado.






Cuando se inventaron las efemérides todos los días son fiesta. Para el oficio del bibliotecario cada asociación nacional ha definido su fecha especial. Pero vale la pena que reconozcamos para quienes existimos, cuál es la esencia de nuestro oficio y para quienes es importantes que en las bibliotecas hayan quienes sirvan a manera de dulces y amigables "guarda bosques"... Viene un nuevo saludo que fue publicado en una sede del SENA en el Valle del Cauca:



DE PROFESIÓN, LECTOR / luis emiro a

Hoy, entiendo a Borges 
con su vanidad de haber leído: 
se sentía vivir un poco más, 
sólo un poco más.

Dicen que Erasmo de Rodertam
dejaba de comer por acercarse a los libros.
Las historias de los bibliotecarios y 
la historia de los libreros y 
las historias de los editores
cuentan con algo en común:
muchos libros los esperan 
y cuentan con su cuidado.

Las mejores lecciones de la paciencia 
se desprenden de esas estanterías que esperan 
y esperan y esperan a un lector de oficio.
Eso de que El Quijote siempre espera una re-lectura
tiene su saber y su encanto;
cuando uno lo dice desde la primera persona 
del singular...¡Dígalo!: "El Quijote hoy me espera"
El quijote espera que lo lea, pues en el colegio lo soporté,
en la universidad lo exhibí y ahora, con los años 
me acompaña, ahora, espera estar en las manos 
de un lector de oficio.

Hay tantos lectores como intenciones e intereses
y vanidades y acosos y búsquedas y tropiezos.
Una vez te tropiezas con la Biblia,
tu palabra ya no es tu palabra.
Una vez que lees poesía en voz alta,
el viento se declara tu cómplice.
Una vez que te topas con la bibliología,
vuelves a mirar un libro como lo hacen los niños:
preguntando ¿Cómo hicieron este libro?
De un libro de dragones salió un monstruo
e invadió mi mesa de trabajo;
El quijote me persigue, 
el álgebra y el ajedrez me asedian,
Rayuela y el Siglo de las luces esperan 
y, ahora que aprendí a leer instrucciones 
del origami,
los catálogos comerciales los escriben 
en mandarín.

Quino, tal vez quería como yo,
ser lector de oficio, cuando dijo que,
"Justo cuando supo 
todas las respuestas de la vida 
le cambiaron las preguntas".

Luis Emiro, desde Yopal - nov. 2012 





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