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Poéticas... y otra antología inconclusa

miércoles, 21 de septiembre de 2016

BIBLIOTECA PÚBLICA - RETOS Y RUTAS EN CASANARE


Leer poesía para entender los conceptos
de los derechos que nos niegan
 y los deberes que nos imponen

1

“Una biblioteca es, ante todo, un servicio público, como  las vías, la luz o el teléfono. Como servicio, debe centrarse en
las necesidades de la comunidad. Desde luego, la biblioteca tiene unos propósitos propios de la clase de institución que es: garantizar el acceso a la información, la recreación y la cultura, a los que los ciudadanos tenemos derecho.
Ahora bien, una biblioteca puede centrar su misión y sus propósitos en convertirse en un lugar de encuentro, diálogo y construcción de tejidos sociales. Ello se logra cuando la biblioteca es un espacio de lectura para todos
los miembros de la comunidad: niños, jóvenes y familias;
cuando en ella es posible encontrar la información requerida;  cuando en ella se recoge la cultura local, sin que las tecnologías de punta sean el privilegio de unos pocos. La biblioteca que estimula la lectura crítica de diversos tipos de textos y de imágenes, se convierte en una alternativa para el uso creativo y enriquecedor del tiempo libre. Esto significa que las premisas de trabajo de la biblioteca dependen siempre de las necesidades de sus lectores. Una política local dependiente de lo que el público lector real exige, significa que se ha generado participativamente con todos los estamentos de la comunidad; que funciona con procesos flexibles (es decir, ajustables, según funcionen o no), y que dichos procesos deben ser evaluados y ajustados constantemente,
para que se adapten a lo que los “clientes” de la biblioteca requieran”.

Tomado de: Leer sin fronteras: ABC del bibliotecario promotor de lectura / Textos de: Graciela Prieto; Anabel Torres y Clemencia Venegas.  Bogotá: OEA (Organización de Estados Americanos; Ministerio de Cultura de Colombia; Biblioteca Nacional de Colombia, 2008   89p. 


2


Después de once años de larga espera los lectores de Casanare  ansían la inauguración de su biblioteca departamental. En ella habrá sala de exposiciones, auditorio con aire acondionado para escuchar la música selecta de todos los tiempos y todos los géneros musicales, serán las tablas que le darán prestigio a la dramaturgia regional y nacional, donde se bailará joropo al lado de los otros giros de la danza del mundo. Sueño leyendo poesía en su estrado y también será la tribuna de un pueblo que se reconoce en sus deberes y derechos ciudadanos. Se pensó en el derecho al ocio: habrá sala de hamacas al aire libre en una terraza pensada para admirar el amanecer llanero. Con su respectiva sala infantil donde los niños desde el universo de las rondas conocerán los encantos, los prodigios y los riesgos de la palabra.    


Una biblioteca para aprender a soñar, para interpretar el papel de las normas, para hacer presencia en los acontecimientos que hacen que los pueblos sean grandes porque asumen sus alegrías y sus tristezas con un espíritu patriótico.

Una biblioteca bioclimática, diez y seis metros de altura para que las corrientes de aire le ofrezcan a sus comunidades usuarias un ambiente óptimo para leer, escribir, pensar, soñar, diseñar, crear, recrear, y volver a leer, escribir, soñar, pensar, diseñar, corregir tantas veces como sea necesario.

Las bibliotecas son para perderle miedo al error y a la equivocación. ¿Cómo así, error y equivocación son sinónimos, no es acaso lo mismo? No sé, pero en las bibliotecas podemos indagarlo.

Para celebrar que la poesía llega a su nueva sede, bien vale leer
en voz alta un texto hermoso que nos define el papel de la palabra del poeta colombiano Álvaro Mutis:


 Cuando de repente en mitad de la vida llega una palabra jamás antes pronunciada, 
una densa marea nos recoge en sus brazos y comienza el largo viaje entre la magia recién iniciada, 
que se levanta como un grito inmenso hangar abandonado donde el musgo cobija las paredes, 
entre el óxido de olvidadas criaturas que habitan un mundo en ruinas, una palabra basta, 
una palabra y se incicia la danza pausada que nos lleva por entre un espeso polvo de ciudades, 
hasta los vitrales de una oscura casa de salud, a patios donde florece el hollín y anidan densas sombras, 
húmedas sombras, que dan vida a cansadas mujeres. 
Ninguna verdad reside en estos rincones y, sin embargo, allí sorprende el mudo pavor 
que llena la vida con su aliento de vinagre—rancio vinagre que corre por la mojada despensa de una humilde casa de placer. 
Y tampoco es esto todo. 
Hay también las conquistas de calurosas regiones donde los insectos vigilan la copulación de los guardianes del sembrado que pierden la voz entre los cañaduzales sin límite surcados por rápidas acequias y opacos reptiles de blanca y rica piel. 
¡Oh el desvelo de los vigilantes que golpean sin descanso sonoras latas de petróleo 
para espantar los acuciosos insectos que envía la noche como una promesa de vigilia! 
Camino del mar pronto se olvidan estas cosas. 
Y si una mujer espera con sus blancos y espesos muslos abiertos como las ramas de un florido písamo centenario, 
entonces el poema llega a su fin, no tiene ya sentido su monótono treno 
de fuente turbia y siempre renovada por el cansado cuerpo de viciosos gimnastas. 

Sólo una palabra. 
Una palabra y se inicia la danza 






"Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."

Federico García Lorca, 

En una biblioteca pública aprendemos a cultivar nuestra lengua nativa, la de nuestros ancestros, como lo pautan poetas como Nicolás Guillén, el poeta cubano que vivió de 1902 hasta 1989; un poema que los niños se pueden memorizar cual retahíla para luego jugar a los trabalenguas: 



Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
¡exacto¿ en que murió Bismark. 

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
¡Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel!

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.






La biblioteca pública también es la casa que celebra la poesía y la canta y la difunde como los poemas de Jaime Jaramillo Escobar , el poeta de los talleres de la biblioteca pública piloto de Medellín para América latina; el poeta que nos enseña a:


 Escribir en español es la delicia de las delicias,
 por su riqueza y flexibilidad. 

Pensar en español es la fortuna de la fortuna, 
por su precisión y claridad.

Cantar en español es el placer de los placeres,
 por su sonoridad y belleza. 

Hablar en español es la maravilla de las maravillas, 
por su libertad y seducción. 

Amar en español es el encanto de los encantos, 
por su ternura y expresividad. 

Vociferar en español es el gusto de los gustos, 
por su fuerza y contundencia.

 Orar en español es la bendición de las bendiciones,
 por su fervor y concisión.

 Jugar en español es la diversión de las diversiones, 
por su astucia y malicia.

 Mentir en español es el deleite de los deleites,
 por su artificio y esplendor.

Soñar en español es la felicidad de las felicidades, 
por su ilusión y fantasía. 

Vivir en español es la suerte de las suertes, 
por su variedad e intensidad.

Morir en español es el deseo de los deseos, 
por la palabra Adiós y la palabra Gracias. 

Jaime Jaramillo Escobar 





poesia de uso 02



EL HOMBRE BIEN EDUCADO

Si tú estás en mi casa, no puedo yo decirte nada que te hiera, ni en lo más leve, porque estás en mi casa.
Si yo estoy en tu casa, no podré decirte nada que te hiera, así sea levemente, porque estoy acogido en tu casa y sería casi un delito de mi parte.
Si estamos en el templo, no podré decirte nada que te hiera levemente, porque estamos en el templo y el respeto a los dioses es también respeto al mundo.
Si nos entretenemos en el juego, mientras estemos jugando no podré decirte nada que te hiera, porque las leyes del juego obligan a los jugadores por igual.
Si estamos en la calle, ah, de ningún modo podría yo ofenderte en la calle, en el mismo momento en que debo ofrecerte mi saludo como demostración de contento por haberte encontrado en la dichosa casualidad de la calle, en esta hermosa ciudad toda llena de árboles, de pájaros y de caprichosas fuentes.
Si te encuentro en una fiesta a la cual hemos sido invitados con fineza, ¿cómo podría yo ofenderte en el obsequio del salón, quebrantando la consideración debida a los anfitriones y el honor de la casa ajena?
Si por acaso nos encontramos en un viaje, tampoco podría yo ofenderte de ningún modo bajo el acatamiento y la atención del viaje, en presencia de la naturaleza admirablemente florecida, y los tranquilos ganados que nos miran apreciativamente desde el campo.
Tal parece que el mundo se ha vuelto estrecho, que no hay lugar para volver a ser nosotros mismos, como hemos sido siempre.
¡Y tantas ganas que tenía yo de ponerte de presente unas cuantas cosas!


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