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miércoles, 31 de agosto de 2016






BOGOTÁ, 1982


Nadie mira a nadie de frente,


de norte a sur la desconfianza, el recelo,


entre sonrisas y cuidadas cortesías.


Turbios el aire y el miedo


en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.



Una lluvia floja cae


como diluvio: ciudad de mundo


que no conocerá la alegría.


Olores blandos que recuerdos parecen


tras tantos años que en el aire están.


Ciudad a medio hacer,
siempre a punto de parecerse a  algo

como una muchacha que comienza a menstruar,


precaria,

 sin belleza alguna.


Patios decimonónicos con geranios


donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;


patios de inquilinato


en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.




En las calles empinadas y siempre crepusculares,


luz opaca como filtrada

 por sementinas láminas de alabastro,


ocurren escenas tan familiares 

como la muerte y el amor;


 mi vida.

Grises las paredes, 

los árboles y de los habitantes el aire 


de la frente a los pies.



A lo lejos el verde existe, 

un verde metálico y sereno,


un verde Patinir de laguna o río,


y tras los cerros tal vez puede verse el sol.


La ciudad que amo se parece demasiado

 a mi vida;


nos unen el cansancio y el tedio de la 

convivencia


pero también la costumbre irremplazable 

y el viento.



Romance de Barranquilla de Meira del Mar




Porque nació frente al alba
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.
Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Breves jazmines alados
-casi de luz detenida-
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...
Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!

El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!

Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!
 



Poeta de bolsillo de  Jotamario Arbeláez

Ibas con tu poema de bolsillo haciendo sitio para tu humanidad de este lado del     mundo.
No tenías siquiera un muerto querido en quien caer de rodillas, ni una piedra
para amolar la cabeza, pero era tuyo el oro del alba. Encontrarte
significaba siempre un viaje de retro por las aflicciones del santo, por
la bonhomía del mendigo. Tirabas tu poca vida por la borda
sin tener borda. El cielo no se detenía con sus luces
porque no hubieras dormido. Las camas corrían con sólo ver tu cansancio.
Abundaban amigos de la risa en la espuma del sifón que te daban a beber     bromas. Ajustabas tu gabardina raída con bolsillo para poema
y te perdías en el frío de la gran ciudad, tan avara a tus luces.
Confieso que envidiaba la frescura de tu pobreza
que te procuraba papel por lo menos para poema. Amabas por fragmentos
mujeres que encontrabas más que sentadas en bancos y bares. Una pierna de  ésa,
de aquella la cabeza perfecta, de la de más acá la fresca cadera. Y el poema
crecía en tu bolsillo como un pan en el horno.
El día de tu muerte, que no fue tal porque qué otra cosa había sido tu vida,
corrimos tus horrendos amigos a buscar el poema
antes de enterrarte. Al meter la mano al bolsillo
de tu gabán de poeta,
ese bolsillo estaba roto y por ahí tu poema
se había ido como tu vida.


Datos vitales: Jotamario Arbeláez (Cali, 1940) es uno de los fundadores del movimiento Nadaísta en Colombia, contemporáneo  con las vanguardias europeas y el movimiento Beatnik norteamericano.
De sus frutos, se inventarían algunos títulos: 
  •  Obra poética: El profeta en su casa, 1966; 
  • El libro rojo de rojas, 1970
  • Mi reino por este mundo, 1980;
  • La Casa de la memoria, 1985, Premio Nacional de Poesía; 
  • El espíritu erótico, 1990; 
  • Paños menores, 1994; 
  • El cuerpo de ella, 2000. 
  • Sus memorias aparecieron en el 2002 bajo el título de Nada es para siempre. En 2008 ganó el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, en Venezuela.  


Antepasados de Jotamario Arbeláez

Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando
Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta invasión de bárbaros
Mis antepasados buscaban el oro para cuadrar las arcas de sus monarcas y saciar sus
propias sedes
Mis antepasados ocultaron el oro de sus ritos al sol bajo tierra y bajo las aguas
Mis antepasados nos robaron la tierra
Mis antepasados no pudieron recuperarla
Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo de mis antepasados
¿De parte de cuál de mis antepasados me pondré contra cuáles?








Buenos Aires / Jorge Luis Borgés

 He nacido en otra ciudad que también se llamaba Buenos Aires. Recuerdo el ruido de los hierros de la puerta cancel. Recuerdo los jazmines y el aljibe, cosas de la nostalgia. Recuerdo una divisa rosada que había sido punzó. Recuerdo la resolana y la siesta. Recuerdo dos espadas cruzadas que habían servido en el desierto. Recuerdo los faroles de gas y el hombre con el palo. Recuerdo el tiempo generoso, la gente que llegaba sin anunciarse. Recuerdo un bastón con estoque. Recuerdo lo que he visto y lo que me contaron mis padres. Recuerdo a Macedonio, en un rincón de una confitería del Once. Recuerdo las carretas de tierra adentro en el polvo del Once. Recuerdo el Almacén de la Figura en la calle de Tucumán. (A la vuelta murió Estanislao del Campo.) Recuerdo un tercer patio, que no alcancé, que era el patio de los esclavos. Guardo memoria del pistoletazo de Alem en un coche cerrado.






PIE DE PÁGINA
de Luis Emiro 
agosto 31 de 2016


Hola Yopal, aquí
Bailando con la contradicción.
Ella, que aún no sabe bailar 
me pisa los callos y me muestra 
las garras de la realidad.

Al seguirle el ritmo le veo de frente,
entre sus mil pulpos,
aprendí que le disgustan los rodeos y
 me tritura con sus ambigüedades.

Cualquiera 
desde la primera persona del singular
se devana ante Ella
 cuando se disfraza de norma
y se sostiene con fuerza, 
como apoyándose en una guadaña
y ni la sonrisa le ayuda
al momento de pasar el escollo...

La verdad no me gusta 
pasar los atascaderos que la realidad
me somete. Y, así pretenda 
evitar la primera persona del singular
es mi pellejo el lacerado.
Declararla Señora no sé 
si es acertado o no,
                                           pero es la salida 
que me deja entre Ella y la pared.

Bailar con la contradicción es 
jugar a los dados la túnica inconsutil
que citaba en un poema un bardo 
de otros parajes
y, recordarle no aguanta








Babel y usted / María Mercedes Carranza



Si las palabras no se arrugaran, si
fuera posible ponérselas cada
mañana, como una blusa o una
falda, previo
uso del quitamanchas, el cepillo y la plancha.
Si no se pudieran pronunciar ya
más por lo brilladas y rodillonas.
Si, después de un largo viaje, se
botaran como la maleta, tan
descosida, tan llena de letreros y de
mugre. Si no se cansaran, si fuera
normal y corriente someterlas a
chequeo médico cada año,
con diagnósticos y exámenes de
laboratorio, vitaminas y
reconstituyentes y hasta menjurges para
la anemia. Si las
palabras hicieran sindicato en defensa
de sus fueros más legítimos y
reclamaran indemnizaciones por
abuso de confianza a aquellos que las
tratan como a violín prestado. Si
algún día hicieran huelga,
¿qué opina usted, García?












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