Entrada destacada

Roberto Juarroz nos define la biblioteca

miércoles, 18 de mayo de 2016

O las historias

Del perro que tenía mil nombres y mil dueños

Y nadie quien lo defendiera, (1)


Harold ¿Te acuerdas de Brisius? Cuando leías ese cuento en Niquía, allá en nuestra amada José María me daban ganas de llorar de la rabia que me despertaba el amo aquel que termina asesinando a su amado perro. Hoy tengo el alma y las vísceras hecha trizas... creía que estaba por encima de toda pena y de toda gloria. He llegado a creer que no sobreviviré a la ganada de un sorteo de la lotería. En un relato breve, te voy a contar sobre el perros que tiene mil amos y mil nombres. Los jóvenes acá son muy amigos de los animales y los siguen hasta la biblioteca. No son los de la ilustración que he copiado de otra parte. Hay unos días en que soy un "ducho" en el manejo de estas máquinas. No la creerías, vos que me enseñaste a apagarlos y a encenderlos. Hay otros días te confieso son estas máquinas las que me vuelven más que añicos. Me funden las neuronas que aún me quedan. Te decía que en la biblioteca se nos amañó un perro, de orejas largas, parecido al de la foto... juguetón y lambón como sólo pueden hacerlo los perros. Solo los que tienen el alma podrida desconfían de las zalemas de un perro. Muchas veces viene desde que abrimos hasta la hora del cierre: (seis am hasta las diez pm) . He sufrido por su suerte el día domingo y entre alumnos usuarios, profesores y empleados de la universidad lo hemos adoptado como mascota. La dueña, porque tiene, ha concluido con rebautizarlo, lo llama "el universitario". Es tan consentido que hasta toma tinto. Estos perros si saben que es compañía.





La pesadilla que te anunciaba y me hace evocar la muerte de Brisius es porque al perro de los mil nombres: en la casa lo llaman "Arandú", en la universidad lo llaman "Guapetón" y he compilado otros tantos en un papelito que lo deje en el pantalón y se volvió minucias de papel. Sigue a las niñas bonitas y les baila y les mueve la cola y les da vueltas al rededor y les ladrá y les habla y les canta y las vuelve pompitas de jabón. Cada a uno terminan compartiendo sus onces con canino arrollador... Hace días empezó una tragedia, Guapetón orina sangre mientras va caminando y le han diagnosticado una enfermedad infectocontagiosa denominada TVT y la receta es... no veo las letras para nombrar ese tratamiento o la impotencia me obnubila la mirada y el ánimo y me he visto torpe al caminar y, precisamente hoy, a la hora del almuerzo estuvo en el restaurante donde almorzamos ¿recuerdas? y me ví dándole doble porción de carne y su mirada me decía traidor y ¡mierda! lo único que puedo hacer es escribirte no para saludarte sino para ponerte mi impotente queja.






Este es "Arandu", o el "Universitario", o "Fifi" o "Guapetón". Cómo vive de maluco, duerme que te duerme dormilón.


GUAPETÓN (2)

Después de este relato en el blog, Harold, no te imaginas todas las personas que se me acercaron, en modo solidario, a proteger a "Guapetón".... Hubo una campaña entre todos los estudiantes para pagarle el tratamiento al perro y un profesor de derecho, que sueña literatura y canta leyes y filosofa para vivir y vive como Itaca, en aras de muchas utopías dijo vamos a buscar otras alternativas. Te resumo que hasta envidia me hizo inspirarle. Este perro "gediondo" de la noche a la mañana estuvo rodeado de atención y cuidados y esmeros y desvelos por cosecha. Los estudiantes lo visitaban por turnos hasta que se curó. Comida puntual y de a tres golpes al día. Agua limpia cada vez que sentía sed. Medicamentos. Mimos. Juegos. Terapias. Controles comoa un niño chiquito. Zalemas por montón de parte y parte. El pero era famoso. A la biblioteca iban más a preguntar por el perro que a prestar libros o a buscar información. Llamaban al profe de derecho no a preguntarle por sus litigios ni por sus compromisos legales sino por la salud del otroa perro huérfano... Hasta que le apareció un señor del campo, con recursos e interesado en adoptarlo. Después de consultas y asambleas, consensos y referendos, como cualquier negociador de La Habana logré que "Guapetón" fuera entregado en adopción. Todos felices creímos que sus día aciago llegaban a su fin...
Hace ocho días huyó. Matepantano es el nombre del paraje de la nueva residencia. Todo lo tenía nada le faltaba. O perdón, Harold, le faltaba algo más importante que el bienestar, le faltaba la libertad. Hoy para comprender su pulsión de vida recuerdo y canturreo la canción de Alberto Cortes:

Era callejero por derecho propio 
su filosofía de la libertad 
fue ganar la suya sin atar a otros 
y sobre los otros no pasar jamás. 

aunque fue de todos nunca tuvo dueño 
que condicionara su razón de ser 
libre como el viento era nuestro perro 
nuestro y de la calle que lo vio nacer. 

Era un callejero con el sol a cuestas 
fiel a su destino y a su parecer 
sin tener horario para hacer la siesta 
ni rendirle cuentas al amanecer.
 
Era nuestro perro y era la ternura, 
esa que perdemos cada día mas 
y era una metáfora de la aventura 
que en el diccionario no se puede hallar. 

Digo nuestro perro porque lo que amamos 
lo consideramos nuestra propiedad 
y era de los niños y del viejo Pablo 
a quien rescatara de su soledad. 

Era un callejero y era el personaje 
de la puerta abierta en cualquier hogar 
y era en nuestro barrio como del paisaje 
el sereno, el cura y todos los demás. 

Era el callejero de las cosas bellas 
y se fue con ellas cuando se marchó 
se bebió de golpe todas las estrellas 
se quedó dormido y ya no despertó.
 
Nos dejó el espacio como testamento 
lleno de nostalgia, lleno de emoción 
vaga su recuerdo por los sentimientos 
para derramarlos en esta canción. 
Al fin y al cabo amigos míos, 
no era mas que un perro...


GUAPETóN (3)


Volvió. "Guapetón" volvió. Apaleado y cojo y encontró las puertas de su biblioteca amada cerradas. Instalaron un nuevo aire acondicionado y la exigencia es mantener las puertas cerradas y, ante esa orden todos los que le daban mimos y contentillos, hoy le chistamos y le negamos la entrada. Ha vuelto a su casa a abrazarse con la alegría desprevenida de los niños y con una colección de collares para amarrarlo pues se puede volver a infectar...A nuestro callejero le quedan las tibias intenciones de encontrarle otros dolientes que le adopten sin restarle la libertad... ¿Qué importa si se vuelve a contaminar? Vagabundear es su misión, dejarse llevar por la llanura ras las fragancias de unos apetitosos bocados. Bocados de los cuales solo le tocan las sobras. Hoy, precisamente hoy, me pregunto sobre la civilidad y me veo de nuevo musitando una vieja canción de Roberto Carlos y repasando las nuevas lecciones del iluso, Harold, ah!, mientras nos volvemos a ver memoricemos el poema que escribía un presidente de Colombia en los tiempos en que Panamá y Colombia se separan. Se titula LA PERRILLA y su autor José Manuel Marroquin.




Es flaca sobre manera
toda humana previsión,
pues en más de una ocasión

sale lo que no se espera.

.
Salió al campo una mañana
un experto cazador,
el más hábil y el mejor
alumno que tuvo Diana.
.
Seguíale gran cuadrilla
de ejercitados monteros,
de ojeadores, ballesteros
y de mozos de trailla:
.
Van todos apercibidos
con las armas necesarias,
y llevan de castas varias
perros diestros y atrevidos,
caballos de noble raza,
cornetas de monte; en fin,
cuanto exige Moratín
en su poema "La Caza."
.
Levantan pronto una pieza,
un jabalí corpulento,
que huye veloz, rabo a viento,
y rompiendo la maleza.
.
Todos siguen con gran bulla
tras la cerdosa alimaña;
pero ella se da tal maña
que a todos los aturrulla;
.
Y aunque gastan todo el día
en paradas, idas, vueltas,
y carreras y revueltas,
es vana tanta porfía.
.
Ahora que los lectores
han visto de qué manera
pudo burlarse la fiera
de los tales cazadores,
digan lo que aconteció,
.
Y aunque es suceso que admira
no piensen, no, que es mentira,
que lo cuenta quien lo vio.
.
Al pié de uno de los cerros
que batieron aquel día,
una viejilla vivía,
que oyó ladrar a los perros;
.
Y con gana de saber
en qué paraba la fiesta
iba subiendo la cuesta,
a eso del anochecer.
.
Con ella iba una perrilla....
mas, sin pasar adelante,
es preciso que un instante
gastemos en describilla:
.
Perra de canes decana
y entre perras proto-perra,
era tenida en su tierra
por perra antediluviana;
.
flaco era el animalejo,
el más flaco de los canes,
era el rastro, eran los canes
de un cuasi-semi-ex-mierdos-quejo;
.
sarnosa era..., digo mal,
no era una perra sarnosa,
era una sarna perrosa
con figura de animal;
.
era, otro sí, derrengada;
la derribaba un resuello:
puede decirse que aquello
no era perra ni era nada.
.
Al ver, pues, la batahola
la vieja al cerro subía,
de la perra en compañía,
que era lo mismo que ir sola.
.
Por donde iba, hizo la suerte
que se hubiese el jabalí
escondido, por sí así
se libraba de la muerte;
.
empero, sintiendo luego
que por ahí andaba gente,
tuvo por cosa prudente
tomar las de Villadiego:
.
la vieja entonces al ver
que escapaba por la loma,
sús! dijo por pura broma,
y la perra echó a correr.
.
Aquella perra extenuada,
sombra de perra que fué,
de la cual se dijo que
no era perra ni era nada,
.
Aquella perrilla, sí,
cosa es de volverse loco!
no pudo coger tampoco
al maldito jabalí.

Lee todo en: Poema 43. LOS CAZADORES Y LA PERRILLA. [Autor: Señor José Manuel Marroquín], en Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-258433#ixzz4HFOIRYnS






































Según Rafael Pombo un perro es:
Tipo de amigo leal
es el perro; ningún bruto
da al hombre más fiel tributo,
más heroico y liberal.
Mas no hay que pagarle mal,
pues con la miel de su amor
se hace el tósigo peor,
de lo cual infiero y digo
que si ofendéis al amigo
no habrá enemigo mayor.





Y volvió "Guapetón" (5)

Y volvió "Guapetón". Y volvió a la Universidad y a la biblioteca. Ahora arrastra el collar que se come cuando no se aguanta sus ganas de libertad. Los humanos que aprendimos a inventar collares y otras inutilidades, vemos como lo arrastra y lo enreda al caminar pero no le resta alegría al saludar a sus amigas y amigos y por igual a todos les mueve la cola. Es más compilador que cualquiera bibliotecario. Este no compila texto ni notas ni glosas ni vocablos. Este, el muy engreído, compila mimos y caricias y posa pa la fotografìa que ni una Natalia París  y ladra y parece decirnos que es libre cuando le viene en gana. Parece que se sabe el poema del mexicano que escribió el libro de poemas titulado "Álbum de zoología"


Perra vida

poema del mexicano  José  Emilio  Pacheco



Despreciamos al perro por dejarse

domesticar y ser obediente.

Llenamos de rencor el sustantivo perro
para insultarlos.
Y una muerte indigna
es morir como un perro.

Sin embargo los perros miran y escuchan
lo que no vemos ni escuchamos.
A falta de lenguaje
(o eso creemos)
poseen un don que ciertamente nos falta.
Y sin duda piensan y saben.

Así pues,
resulta muy probable que nos desprecien

por nuestra necesidad de buscar amos,

por nuestro voto de obediencia al más fuerte.




LOS MOTIVOS DEL LOBO


poema clásico de

RUBÉN DARÍO

El varón que tiene corazón de lis, 
alma de querube, lengua celestial, 
el mínimo y dulce Francisco de Asís, 
está con un rudo y torvo animal, 
bestia temerosa, de sangre y de robo, 
las fauces de furia, los ojos de mal: 
el lobo de Gubbia, el terrible lobo, 
rabioso, ha asolado los alrededores; 
cruel ha deshecho todos los rebaños; 
devoró corderos, devoró pastores, 
y son incontables sus muertes y daños. 

Fuertes cazadores armados de hierros 
fueron destrozados. Los duros colmillos 
dieron cuenta de los más bravos perros, 
como de cabritos y de corderillos. 

Francisco salió: 
al lobo buscó 
en su madriguera. 
Cerca de la cueva encontró a la fiera 
enorme, que al verle se lanzó feroz 
contra él. Francisco, con su dulce voz, 
alzando la mano, 
al lobo furioso dijo: ?¡Paz, hermano 
lobo! El animal 
contempló al varón de tosco sayal; 
dejó su aire arisco, 
cerró las abiertas fauces agresivas, 
y dijo: ?¡Está bien, hermano Francisco! 
¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas 
de horror y de muerte? 
¿La sangre que vierte 
tu hocico diabólico, el duelo y espanto 
que esparces, el llanto 
de los campesinos, el grito, el dolor 
de tanta criatura de Nuestro Señor, 
no han de contener tu encono infernal? 
¿Vienes del infierno? 
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno 
Luzbel o Belial? 
Y el gran lobo, humilde: ?¡Es duro el invierno, 
y es horrible el hambre! En el bosque helado 
no hallé qué comer; y busqué el ganado, 
y en veces comí ganado y pastor. 
¿La sangre? Yo vi más de un cazador 
sobre su caballo, llevando el azor 
al puño; o correr tras el jabalí, 
el oso o el ciervo; y a más de uno vi 
mancharse de sangre, herir, torturar, 
de las roncas trompas al sordo clamor, 
a los animales de Nuestro Señor. 
Y no era por hambre, que iban a cazar. 
Francisco responde: ?En el hombre existe 
mala levadura. 
Cuando nace viene con pecado. Es triste. 
Mas el alma simple de la bestia es pura. 
Tú vas a tener 
desde hoy qué comer. 
Dejarás en paz 
rebaños y gente en este país. 
¡Que Dios melifique tu ser montaraz! 
?Está bien, hermano Francisco de Asís. 
?Ante el Señor, que todo ata y desata, 
en fe de promesa tiéndeme la pata. 
El lobo tendió la pata al hermano 
de Asís, que a su vez le alargó la mano. 
Fueron a la aldea. La gente veía 
y lo que miraba casi no creía. 
Tras el religioso iba el lobo fiero, 
y, baja la testa, quieto le seguía 
como un can de casa, o como un cordero. 

Francisco llamó la gente a la plaza 
y allí predicó. 
Y dijo: ?He aquí una amable caza. 
El hermano lobo se viene conmigo; 
me juró no ser ya vuestro enemigo, 
y no repetir su ataque sangriento. 
Vosotros, en cambio, daréis su alimento 
a la pobre bestia de Dios. ?¡Así sea!, 
contestó la gente toda de la aldea. 
Y luego, en señal 
de contentamiento, 
movió testa y cola el buen animal, 
y entró con Francisco de Asís al convento. 



Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo 
en el santo asilo. 
Sus bastas orejas los salmos oían 
y los claros ojos se le humedecían. 
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos 
cuando a la cocina iba con los legos. 
Y cuando Francisco su oración hacía, 
el lobo las pobres sandalias lamía. 
Salía a la calle, 
iba por el monte, descendía al valle, 
entraba en las casas y le daban algo 
de comer. Mirábanle como a un manso galgo. 
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo 
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, 
desapareció, tornó a la montaña, 
y recomenzaron su aullido y su saña. 
Otra vez sintióse el temor, la alarma, 
entre los vecinos y entre los pastores; 
colmaba el espanto los alrededores, 
de nada servían el valor y el arma, 
pues la bestia fiera 
no dio treguas a su furor jamás, 
como si tuviera 
fuegos de Moloch y de Satanás. 

Cuando volvió al pueblo el divino santo, 
todos lo buscaron con quejas y llanto, 
y con mil querellas dieron testimonio 
de lo que sufrían y perdían tanto 
por aquel infame lobo del demonio. 

Francisco de Asís se puso severo. 
Se fue a la montaña 
a buscar al falso lobo carnicero. 
Y junto a su cueva halló a la alimaña. 
?En nombre del Padre del sacro universo, 
conjúrote ?dijo?, ¡oh lobo perverso!, 
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal? 
Contesta. Te escucho. 
Como en sorda lucha, habló el animal, 
la boca espumosa y el ojo fatal: 
?Hermano Francisco, no te acerques mucho... 
Yo estaba tranquilo allá en el convento; 
al pueblo salía, 
y si algo me daban estaba contento 
y manso comía. 
Mas empecé a ver que en todas las casas 
estaban la Envidia, la Saña, la Ira, 
y en todos los rostros ardían las brasas 
de odio, de lujuria, de infamia y mentira. 
Hermanos a hermanos hacían la guerra, 
perdían los débiles, ganaban los malos, 
hembra y macho eran como perro y perra, 
y un buen día todos me dieron de palos. 
Me vieron humilde, lamía las manos 
y los pies. Seguía tus sagradas leyes, 
todas las criaturas eran mis hermanos: 
los hermanos hombres, los hermanos bueyes, 
hermanas estrellas y hermanos gusanos. 
Y así, me apalearon y me echaron fuera. 
Y su risa fue como un agua hirviente, 
y entre mis entrañas revivió la fiera, 
y me sentí lobo malo de repente; 
mas siempre mejor que esa mala gente. 
y recomencé a luchar aquí, 
a me defender y a me alimentar. 
Como el oso hace, como el jabalí, 
que para vivir tienen que matar. 
Déjame en el monte, déjame en el risco, 
déjame existir en mi libertad, 
vete a tu convento, hermano Francisco, 
sigue tu camino y tu santidad. 

El santo de Asís no le dijo nada. 
Le miró con una profunda mirada, 
y partió con lágrimas y con desconsuelos, 
y habló al Dios eterno con su corazón. 
El viento del bosque llevó su oración, 
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos...
















REACCIONES:

0 comentarios :

Publicar un comentario

Enlace Unitrópico

Visitas

contador de visitas

Entradas más vistas