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Poéticas... y otra antología inconclusa

sábado, 26 de septiembre de 2015

Hay en la biblioteca de Unitropico University un servicio especial, se le conservan las llaves a los perdidos entre las travesuras de la cotidianidad. Se le llama el rincón de los objetos perdidos donde se recuperan las inteligencias y la cordura. A quien no le vuelve el alma al cuerpo cuando aparece aquella memoria que llevada traspapelada y no recordaba haberla olvidado desde su última visita a la biblioteca...

El olvido nos hace sus triquiñuelas.
Al olvido le gusta jugar con nosotros y alebrestar
nuestros nervios y jalarnos el pelo

y perder los estribos...
No hay lector que no haya dejado algo en una biblioteca,
pero en la de Unitrópico dejan todo...

Amigo Lector, por favor, no vaya a dejar

 ni las deudas ni los pecados mortales
 y mucho menos, un secreto... 
No alcanzamos a custodiar tantas vainas tan vainosas.



El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.


Jorge Luis Borges







ODA A LAS COSAS
poema de Pablo Neruda



AMO las cosas loca, 

locamente.
Me gustan las tenazas, 
las tijeras, 
adoro 
las tazas, 
las argollas, 
las soperas, 
sin hablar, por supuesto, 
del sombrero.








Amo
todas las cosas, 
no sólo
las supremas, 
sino las 
infinitamente 
chicas, 
el dedal, 
las espuelas, 
los platos, 
los floreros.



Ay, alma mía, 
hermoso
es el planeta, 
lleno
de pipas 
por la mano 
conducidas 
en el humo, 
de llaves, 
de saleros, 
en fin, 
todo
lo que se hizo
por la mano del hombre, 
toda cosa:
las curvas del zapato, 
el tejido, 
el nuevo nacimiento 
del oro
sin la sangre, 
los anteojos, 
los clavos, 
las escobas, 
los relojes, las brújulas, 
las monedas, la suave 



suavidad de las sillas.



Ay cuántas 
cosas 
puras 
ha construido 
el hombre:
de lana, 
de madera, 
de cristal, 
de cordeles, 
mesas 
maravillosas, 
navíos, escaleras.



Amo 
todas 
las cosas, 
no porque sean 
ardientes
o fragantes, 
sino porque 
no sé, 
porque
este océano es el tuyo, 
es el mío:
los botones, 
las ruedas, 
los pequeños 
tesoros 
olvidados, 
los abanicos en 
cuyos plumajes 
desvaneció el amor 
sus azahares, 
las copas, los cuchillos, 
las tijeras, 
todo tiene 
en el mango, en el contorno, 
la huella 
de unos dedos, 
de una remota mano
perdida
en lo más olvidado del olvido.



Yo voy por casas, 
calles, 
ascensores, 
tocando cosas, 
divisando objetos 
que en secreto ambiciono:
uno porque repica, 
otro porque 
es tan suave
como la suavidad de una cadera, 
otro por su color de agua profunda, 


otro por su espesor de terciopelo.


Oh río 
irrevocable 
de las cosas, 
no se dirá 
que sólo 
amé
los peces, 
o las plantas de selva y de pradera, 
que no sólo
amé
lo que salta, sube, sobrevive, suspira. 
No es verdad:
muchas cosas 
me lo dijeron todo. 


No sólo me tocaron 
o las tocó mi mano, 
sino que acompañaron 
de tal modo 
mi existencia 
que conmigo existieron 
y fueron para mí tan existentes
que vivieron conmigo media vida 








,LUCRECIO poeta latino nos hereda este texto: 



 Pero nada hay más grato que ser dueño
De los templos excelsos, guarnecidos
Por el saber tranquilo de los sabios,
Desde donde puedas distinguir a otros
Y ver cómo confusos se extravían
Y buscan el camino de la vida.
Vagabundos, debaten por nobleza,
Se disputan la palma del ingenio,
Y de noche y de día no sosiegan
Por oro amontonar y ser tiranos.
Oh míseros humanos pensamientos!
¡Oh pechos ciegos!
Entre qué tinieblas
Y a qué peligros exponéis la vida
¡Tan rápida, tan tenue!
Por ventura
No oís el grito de naturaleza,
Que alejando del cuerpo los dolores,
De grata sensación el alma cerca,



SOBRE COSAS COTIDIANAS

(Erwin Quintupill - Saltapura)

Es normal que la gente tenga nombres extraños
el mío lo es, déjenlo así
Es normal que la gente sea cristiana
yo no lo soy, déjenlo así
Es normal que la gente vaya a la escuela
Yo fui, déjenlo así
Es normal que la gente siga la ruta que le indican
Yo pregunto, y elijo una diferente
déjenlo así
Es normal que la gente calle, que no hable, que permanezca en silencio
A mí me gusta el silencio; pero no el de las palabras
sino el del viento, el de la noche, el de la lluvia, el del sol
y todos los demás
déjenlo así
Es normal que la gente se registre
Yo prefiero irme por los caminos callados
déjenlo así
Es normal que la gente no escuche los sonidos de su entorno
Yo prefiero irme a los sitios vacíos y escuchar
y escuchar
déjenlo así
Es normal que la gente no duerma tranquila
Yo duermo bajo el techo de la casa, de las estrellas
déjenlo así
Es normal que a los indios les quiten la tierra en que han nacido
Yo vivo en suelo extraño
y hablo en lengua extraña
Es normal que registren
y no tengo nada más que un cuerpo desnudo y famélico
Es normal que te ofrezcan la venta de lo inimaginable
Yo intercambio mis cosas
Y como si fuera poco
es normal que la vida tenga un precio
que no asumo
que no tranzo

que me vaya por los caminos de barro y de asfalto
con la mirada enfocada hacia al frente
nunca abajo, nunca arriba
Lo único visible para mis ojos ocultos
Es la energía que mueve el cosmos.

Nada es normal
ni el tener hijos
ni el firmar papeles
ni morirse atravesado por las balas
de los que formaron el Estado en que vivo.

Soy la curiosa mirada de las estrellas que desaparecieron
el aliento de los fallecidos
el vapor de los suelos y de los bosques
completamente anormal
como las energías que se funden en cada amanecer.






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