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Poéticas... y otra antología inconclusa

jueves, 26 de febrero de 2015

Aforismos





Situado en alguna
nebulosa lejana hago lo que hago,
para que el universal equilibrio del
que soy parte no pierda el equilibrio.

¿?

Quien ha visto vaciarse todo,
casi sabe
de qué se llena todo.

¿?

Antes de recorrer mi camino
yo era mi camino.

¿?

Mi primer mundo lo hallé todo
en mi escaso pan.

¿?

Mi padre, al irse, regaló medio siglo
a mi niñez.

¿?

Las pequeñeces no son lo eterno,
y lo demás, todo lo demás,
lo breve, lo muy breve.

¿?

Sin esa tonta vanidad que es el
mostrarnos
y que es de todos y de todo,
no veríamos nada y no existiría nada.

¿?

La verdad tiene muy pocos amigos
y los muy pocos amigos que tiene
son suicidas.

¿?

Trátame como debes tratarme, no
como merezco ser tratado.

¿?

El hombre no va a ninguna parte.
Todo viene al hombre, como el mañana.



Tomado de: 
http://www.poesur.com/Porchia.htm (consulta 28 de mayo de 2015)


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Quien me tiene de un hilo no es
fuerte; lo fuerte es el hilo.
#

Un poco de ingenuidad
nunca se aparta de mí.
Y es ella la que me protege.
#

Se me abre una puerta, entro
y me hallo con cien puertas cerradas.
#
Mi pobreza no es total: falto yo.
#

Si no levantas los ojos, creerás que
eres el punto más alto.
#

No hallé como quien ser, en ninguno.
Y me quedé, así: como ninguno.
#

El mal de no creer es creer un poco.
#

Sé que no tienes nada. Por ello
te pido todo. Para que tengas todo.
#
Vengo de morirme, no de haber
nacido. De haber nacido me voy.
#

Dios mío, casi no he creído nunca
en tí, pero siempre te he amado.
#
Si yo fuese como una roca y no
como una nube, mi pensar, que es
como el viento, me abandonaría.
#

Quien perdona todo ha debido
perdonarse todo.
#
Me hicieron de cien años algunos
minutos que se quedaron conmigo,
no cien años.
#

Se vive con la esperanza de llegar
a ser un recuerdo.
#

Casi no he tocado el barro y soy
de barro.
#

Creo que son los males del alma,
el alma. Porque el alma que se cura
de sus males, muere.
#

El hombre habla de todo y habla
de todo como si el conocimiento de
todo estuviese todo en él.
#

Una cosa sana no respira.
#

Mucho de lo que he dejado de hacer
en mí, sigue haciéndose en mí,
solo.






Sí, están equivocados, porque no
saben. Y si supieran... Nada.
Ni estarían equivocados.
#
Todo es como los ríos, obra
de las pendientes.
#
El universo no constituye un orden
total. Falta la adhesión del hombre.
#

Creo que nos habitamos unos a
otros, pero no habitados. Porque
no podríamos habitarnos unos a otros,
habitados.
#

Durmiendo sueño lo que despierto
sueño. Y mi soñar es continuo.
#

Las alturas guían, pero en las alturas.

#

Han dejado de engañarte, no
de quererte. Y te parece
que han dejado de quererte.
#

A veces estoy como en un infierno
y no me lamento. No encuentro
de qué lamentarme.
#

Un rayo de luz borró tu nombre.
No sé más quién eres.
#

Cuando me conformo con nada
es cuando me conformo de todo.
#

Mis ojos, por haber sido puentes,
son abismos.
#

Y sin ese repetirse eternamente de
todo, de sí mismo a sí mismo, a cada
instante, todo duraría un instante.
Hasta la misma eternidad duraría un
instante.
#

El hombre, cuando es solamente
lo que parece ser el hombre, casi no
es nada.
#

Sí, es entrando en todo
como voy saliendo de todo.
#

Hallarás la distancia
que te separa de ellos,
uniéndote a ellos.
#

Cien hombres, juntos, son la
centésima parte de un hombre.

Tomado de: http://www.poesur.com/Porchia.htm (consulta mayo28 de 2015)




Ahora unas notas sobre el poeta del profesor Raul Cota

Antonio Porchia nació en Italia en 1886, pero residió desde muy joven en Argentina, hasta el día de su muerte en 1968. A principios de los cuarenta Porchia publicó en Argentina la reunión de susVoces, en edición de autor. Luego, Roger Caillois tradujo este libro al francés en 1949. Asimismo en Estados Unidos, W.S. Merwin tradujo y publicó en 1969 una selección de esos poemas y la intitulóVolees.

Ajeno a las cortes literarias, a los elogios y los ataques, a envidias y resentimientos, escribía Porchia, en cuaderno de colegial, sus aforismos. Grata lección de una poesía que al propio poeta le sirve para limpiarse los ojos. Cuando Antonio Porchia afirmó que escribía para sí, simplemente era que se dejaba tomar por la palabra.

Hacer aforismos, o leerlos, quizá sea una de las formas más auténticas y profundas del diálogo con uno mismo; un diálogo crítico, despiadado, irónico, autoparódico.

El aforismo (al margen de lo que dice el diccionario: “sentencia breve y doctrinal que se propone como máxima”) busca la contradicción en nuestra propia forma de comprender el mundo; ayuda al escritor (y al lector) a mantenerse con los ojos abiertos.

En ninguna otra forma poética el discurso del silencio posee tanta energía como en el aforismo. La lucidez acaso consista en iluminar zonas inéditas del pensamiento, negando, dudando, descubriendo, y no en un filosofar metodológico. Tal vez sea viajar a fondo en el pensamiento, descorriendo velos que nos ocultan los otros mundos que tiene este mundo: vigilar ante las ausencias que representa la vida.

En el aforismo se unen pensamiento y sentimiento, representados por esa palabra castellana que le gusta tanto utilizar a Roger Munier (otro maestro del aforismo) cuando explica esta fusión: co-razón.

La crítica europea, a fines de la década de los cuarenta, afirmaba la presencia de un poeta deslumbrante. Rubén Vela nos dice: “Antonio Porchia jamás quiso darse por enterado de la fama que le llegaba desde Europa. Siguió siendo un hombre sencillo, trabajando con la pala en su huerto o en la profesión de albañil que tanto amaba”. En su libro Entretiens 1913-1952, André Breton declara: “Debo decir que el pensamiento más dúctil de expresión española es, para mí, el de Antonio Porchia, argentino”.
  
Tomado de:
 http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=286&Itemid=31&limit=1&showall=1
(Consulta 28 de mayo de 2015)






                                                                                        
Reflexión del día:                                      

 "Si quieres saber quien soy yo,  no me preguntes donde vivo, o lo  que me gusta comer, o como me peino; pregúntame, mas bien por lo que vivo, detalladamente,  y pregúntame si lo que pienso es dedicarme a  vivir plenamente aquello para lo que quiero vivir.
A partir de estas dos respuestas, podemos determinar la identidad de cualquier persona"

Tomado de:  ¿ QUIEN ES THOMAS MERTON? En:  Myargumentwith thegestapo. New Directions. 1975 pp.160-161.


En la biblioteca de UNITROPICO las llaves buscan su dueño, las agendas esperan que el olvido las recuerde, por solidaridad los compañeros dejan los objetos encontrados y muchos han vuelto después de una multa porque saben que requieren de la información... No sólo jugamos ajedrez sino que hemos aprendido otras formas del respeto. Las ilustraciones nos evidencian otras vivencias bibliotecarias:

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