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sábado, 31 de agosto de 2013





UN PARÉNTESIS Y UNOS ENLACES 
en  fe de erratas para preguntar por
 las bibliotecas públicas

por  Luis Emiro Alvarez
biblitecólogo UdeA - tp 670 cnb


 Aquellos que en alguna medida, nos hemos formado como personas y como ciudadanos bajo el  abrigo de las bibliotecas públicas,  tenemos muchas preguntas y, en consecuencia muchos compromisos frente a estas instituciones en Colombia y su potente  incidencia en las comunidades barriales, parroquiales, veredales, corregimentales y  comunales, allí donde surten efecto natural los valores solidarios como la ayuda mutua y el acuerdo en la solución de problemáticas básicas:  sea la instalación de acueductos y alcantarillados comunales, por ejemplo, en los sectores populares de las grandes ciudades del país.  Lo que le  permitió al gobierno del Presidente Carlos Lleras Restrepo se creara una legislación que regulaba las iniciativas cívicas de los amigos de vecinos o convites como se le llamó a estas prácticas a lo largo y ancho de la geografía nacional a las hoy reconocidas Juntas de Acción Comunal.  Desde la anécdota hasta la reflexión y la investigación académica, pasando por el debate y la pulsión política, resulta poco menos que apasionante este relato. Una libre iniciativa en narrar esta epopeya a inquietos en este asunto acá en Casanare, me lleva a un paréntesis en este blog donde la FE DE ERRATAS (entiéndase en este término heredado de la editoriales y tipografías cuando corregen los errores en sus publicaciones antes de entregárselas al publico lector, como una actitud proclive a la humildad que debemos cultivar todos los trabajadores intelectuales, es decir, todos aquellos que nos ganamos la vida leyendo y escribiendo) nos permite búsquedas donde otros  simplemente claudican. Las bibliotecas públicas, para muchos colombianos tiene diferentes connotaciones. Repasemos algunas:

1. Para los ciudadanos de a pie, son unos lugares para ir a saber sin que nadie les cobre. Allí pueden leer y escribir por su propia iniciativa y cuando pueden.  Sólo les piden que ingresen limpios, que sean silenciosos y respeten el espacio de los demás. Pueden visitar estos lugares ciudadanos de cualquier edad, desde su más temprana infancia hasta  las bellas horas del ocaso.  Por lo tanto, son necesarias y les hacen saber lo maravillosa que es  la vida.

2. Para los educadores y los promotores de lectura: son  una gama infinita de oportunidades para seguir leyendo y comprendiendo el mundo que compartimos o que, simplemente habitamos, o en el peor de los casos, usamos.  Basta leer a Michel Pettite, Paulo freire,   Silvia Castrillón,  Daniel Golding, Maria Elena Walsh,  entre miles, la lista es interminable gracias a Dios... y nos permite trascender escenarios donde la fabula es posible y nos ayuda a construir nuevas rutas de esperanza y oportunidades. A un campesino de mi patria chica le escuche decir que nos toca CREER PARA CREAR Y CREAR PARA CREER.

3. Para los gestores públicos,  los políticos, los empresarios y las agencias internacionales son la inmensa gama de opciones en inversión social efectiva, son las oportunidades de  acatar las directrices constitucionales para fomentar la participación ciudadana (art. 20 de la Constitución Política de Colombia), pero ante todo, son el punto clave para comprender su ciudadanía individual y colectiva. Son los llamados a educar con el ejemplo... por argumentos cómo éste me tildan de iluso. No importa porque aprendí a creer en el concepto de democracia  en una biblioteca publica.

4. Para los lectores y escritores es su casa.

5. Para los casanareños es una vaga esperanza. Llevan años esperando que les concluyan tres proyectos. Hay que esperar, pero ese espíritu de esperanza que animaba a los campesinos se ha diluido como si transitara por el agua. Esperar es una competencia a la cual el pueblo ya no le quiere apostar.

Esta nota la escribo para recordar y para evitar que se me olvide para que necesito de la lectura, de la escritura y  de las comunidades. Son las comunidades las que nos dan de comer a los gestores públicos, a los políticos, a los empresarios, a las agencias internacionales, a los educadores, a los promotores de lectura, a los profesionales, a los bibliotecólogos,  a los  bibliotecarios... Ni la Web 2.0 ni la Web 3.0 ni los nuevos desafíos de la cibernetica ni la cibercultura prescindirán de los espacios bibliotecarios. Los están transformando, pues siguen cumpliendo con  su tarea: intentan  erradicar las brechas de todos los analfabetismos.

Por último, una acotación:  desde las bibliotecas públicas aprenden los ciudadanos a diferencias a los políticos de los polítiqueros. Lo que estos últimos consideren sobre la biblioteca pública no merece la mayor importancia. La historia tiene agendado el día en que las ciudadanías les quiten la voz y el voto que nunca merecieron.
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